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Mezquita-Catedral de Córdoba

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Mezquita Catedral de CórdobaLa Catedral de Córdoba, o antigua Mezquita de Córdoba, es uno de los elementos más relevantes dentro de la arquitectura Andalusí que existen en la actualidad (junto con la Alhambra de Granada), construida y ampliada en diferentes períodos históricos, es hoy día, Patrimonio Cultural de la Humanidad. Su nombre eclesiástico es Catedral de la Asunción de Nuestra Señora, antes “Santa María Madre de Dios”. Comenzó a construirse en el año 786, sufriendo posteriormente ampliaciones durante el Emirato de Córdoba y el Califato. En el 1238 la mezquita se convierte en Catedral Católica. En 1523 se comienza a construir la basílica renacentista de estilo plateresco en el centro de la mezquita.Con 23.400 metros cuadrados, fue la segunda mezquita más grande del mundo en superficie, por detrás de la Mezquita de la Meca, siendo sólo alcanzada posteriormente por la Mezquita Azul (Estambul, 1588), una curiosidad acerca de este edificio, es que el muro de la qibla se construyó 51º más hacia el sur que la orientación hacia la Meca, lo que la incapacita para el salat musulmán, oración que forma parte de los cinco pilares del Islam.

Dentro de la Mezquita de Córdoba se encuentra el cabildo catedralicio de la Diócesis de Córdoba, considerado uno de los doce Tesoros de España.Mezquita de Córdoba

Descripción del monumento

En la cara norte encontramos la Puerta del Perdón, estilo mudéjar del año 1477, al atravesarla nos encontramos con el “Patio de los Naranjos” donde observamos los 98 frutales dispuestos en hileras, además de algunas palmeras, en tiempo del Califato se denominaba “Patio de Abluciones”, también forman parte del edificio el alminar y el encofrado de estilo herreriano.

Al interior de la mezquita se accede por la Puerta de las Palmas, encontrándonos con las 1300 columnas de mármol, jaspe y granito, sobre las cuales descansan trescientos sesenta y cinco arcos de herradura bicolores. Una de las hipótesis sobre la orientación que presenta la mezquita, es que Abderramán, nacido en Damasco, ordenó que el lugar santo denominado mihrab, estuviese orientado hacia el Sur, y no hacia la Meca, ya que en ésta dirección se encuentra el Río Guadalquivir que lo conducía hasta su ciudad natal, aunque quizá la teoría más aceptada hoy día sea, que la nave principal de la mezquita sigue la orientación de la calle principal o cardo, de la antigua Córdoba Romana o Colonia Patricia, como lo corroboran las excavaciones arqueológicas realizadas en la ciudad. El mihrab es un joyel de mármol, estuco y mosaicos bizantinos de color brillante sobre fondo de oro y bronce, además de cobre y plata. un punto importante es la cabecera con sus arcos, mosaicos de muro y las cúpulas formadas de arcos cruzados.

En el siglo XVI los cristianos consiguieron expulsar definitivamente el Islam de la Península Ibérica, y construyeron una catedral renacentista en las naves centrales, modificando la perspectiva original.

Etapas constructivas

Orígenes cristianos: la basílica visigoda de San VicenteLa mezquita ha pasado por varias etapas constructivas, comenzando por sus orígenes cristianos cuando era la Basílica Visigoda de San Vicente, que posteriormente fue compartida por musulmanes y cristianos, tras la llegada del Islam a Córdoba. Según una versión sucinta del relato tradicional, la mezquita de Córdoba habría sido iniciada bajo el reinado del primer emir omeya Abderramán I entre el 780 y el 785, (que compró su parte de la basílica a los cristianos) sobre la planta de la iglesia cristiana, cambiando la orientación de su eje. Sufrió sucesivas ampliaciones en los siglos IX y X y fue concluida bajo mandato de Almanzor. La más importante de las ampliaciones es la de Alhakén II a la que pertenecen los arcos del mihrab. En estos arcos se puede ver la evolución de la construcción: las columnas visigodas con sus arcos de herradura les resultaron demasiado bajos a los musulmanes por lo que decidieron añadir pilares sobre las columnas y disponer arcos más altos sin derribar los anteriores y policromando en rojo y blanco todos con lo que se construyó la célebre y más conocida imagen de la Mezquita de Córdoba. Fue lugar de reuniones a la vez religiosas y políticas pues podía albergar hasta veinte mil personas.

Abderramán I

El primer emir rey de Córdoba ordenó el inicio de la construcción del edificio sobre el emplazamiento de la Basílica visigoda de San Vicente Mártir, iglesia construida en el siglo VI, en cuyo solar se inicia la edificación del oratorio o haram en el año 786. Ignacio Olagüe Videla, en su célebre La Revolución islámica en Occidente (1974), supone por la arqueología que Abderramán I no habría construido nada, y que el templo primitivo ya contaba con el famoso bosque de columnas. Como, por su ordenación interior, éste no parece concebido para el culto católico o musulmán, puede que fuera edificado para el culto arriano.

Se aprecian once naves longitudinales orientadas hacia el río Guadalquivir, la central algo más ancha y que conduce al mihrab, y las dos de los extremos un poco más estrechas. Estas naves constan de doce tramos o crujías que corren en dirección al muro de la quibla. Para darle estabilidad a este alzado se recurre a dobles arcos, de los cuales el inferior es de herradura, mientras que el superior, de medio punto, es el que soporta la cubierta. Los arcos presentan alternancia cromática, roja de ladrillo y amarillentas de caliza y nos recuerda al acueducto romano de los Milagros, en Mérida. El conjunto se cierra con el muro de la quibla, que a diferencia de la mayoría de mezquitas no está orientado hacia La Meca sino hacia el sur, hecho éste cuyo motivo está en duda, y que van desde la inexperiencia y el error en el cálculo, hasta la pura intencionalidad política tras la proclamación de la independencia política del emirato cordobés, todo apunta a que quisieron imitar a la Mezquita de Damasco, también de los Omeya, y orientada al sur. Las obras terminaron en el 788.

Hisham I

Hisham I fue quien construyó el primer alminar(que más tarde sería derribado por Abderramán III) y terminó el sahn o patio. La cimentación del alminar de Hisham I fue hallada en el Patio de los Naranjos por el arqueólogo Félix Hernández en el siglo XX, quién dejó marcada su ubicación en el pavimento y es hoy día visible. Tras destruirlo, Abderramán III, construyó otro del que quedan algunos restos dentro del campanario cristiano de la Catedral.

Abderramán II

Abderramán II fue el emir que realizó la primera ampliación de la mezquita, en el 833, seguramente como consecuencia del crecimiento que sufrió la ciudad, debido al aumento en el número de habitantes y por tanto, de fieles que necesitarían un haram (u oratorio) con mayor aforo para la celebración de los viernes. Se le atribuyen también a este emir las obras que convertirían al templo arriano en mezquita (según Ignacio Olagüe Videla), que concluyeron en 855, ya bajo el mandato del hijo de Abderramám II. Para llevarla a cabo se derribó el primitivo muro de la quibla, cuyos restos son actualmente visibles en forma de grandes pilares, y se prolongaron las arquerías en ocho tramos o crujías más, con una longitud total de 24 m. Los elementos arquitectónicos son idénticos a los de la fase inicial: alternancia de dovelas en los arcos (amarillas de caliza y rojas de ladrillo) y utilización de materiales de acarreo, aunque como novedad se utilizaron algunos materiales labrados a propósito para esta ampliación, como los ocho capiteles novedosos denominados «de pencas». El mihrab, estaba concebido monumentalmente con un arco de entrada sostenido por cuatro columnas y sobresalía al exterior del muro de la qibla, sus cimientos fueron encontrados en el subsuelo de la capilla de Villaviciosa. También este emir cerró el patio con saqqifas en los laterales que faltaban.

Abderramán III

Abderramán III, primer califa cordobés, modificó estructuralmente la mezquita catedral de Córdoba, sin afectar al oratorio, agrandó el patio, derribó el primer alminar y construyó uno nuevo, el cual sería modelo para los alminares almohades y los campanarios mudéjares posteriores. Actualmente el alminar se conserva desmochado y embutido en el campanario cristiano, pero existen dibujos que muestran cómo era originalmente. El único testimonio gráfico que nos ha llegado es un relieve que se encuentra en una de las enjutas de la Puerta de Santa Catalina.

Alhakén II

Coincidiendo con el esplendor del califato, durante el siglo X se llevarán a cabo las más extensas intervenciones en la mezquita. Pero será la de Alhakén II la ampliación más bella y rica. El segundo día de su reinado encarga a su chambelán Chafar (o Yafar) las obras.

Se derriba el muro de la qibla de Abderramán II, del que también quedan restos visibles en la actualidad, y se amplía el oratorio en doce crujías más en el sentido sur seguido hasta entonces. Para mejorar la iluminación se construyen cuatro lucernarios con bellas cúpulas nervadas. El primero de ellos, previo a la macsura, lo ocupa actualmente la Capilla de Villaviciosa. Los otros tres se elevan delante del nuevo muro de qibla; uno delante del mihrab y los otros dos flanqueándolo.

Previos a la macsura aparecen nuevos arcos polilobulados y entrecruzados, y en las columnas se alternan fustes rosas y azules. Los materiales ya no son de acarreo, sino labrados ex profeso, con presencia de capiteles de pencas, una abstracción y esquematización de los corintios y compuestos del mundo romano y que derivarán en los de avispero que se pueden observar en Medinat Al-Zahra. Todo esto configura la unidad estilística del arte califal ya presente en Medina Azahara.

Otras novedades son el doble muro de la qibla, que facilita la conexión con el sabat y que permite que el mihrab no se limite a un simple nicho, sino que se abra como una pequeña habitación octogonal cubierta con una cúpula con forma de concha. La portada del mihrab y las cúpulas que lo preceden van recubiertas de mosaicos ejecutados por artesanos bizantinos enviados por el basileus cargados con trescientos veinte quintales de teselas.

Almanzor

Dado el continuo crecimiento demográfico de Córdoba, este hayib decide llevar a cabo la tercera y última de las intervenciones en la mezquita a fines del siglo X. Su ampliación, la más extensa de todas, afecta tanto al oratorio como al patio. Pero esta ampliación no se hará hacia el sur como las anteriores, puesto que la cercanía del Guadalquivir lo impide. La expansión será hacia el este, para lo que Almanzor debió expropiar el caserío que ocupaba la zona. Se construyen ocho nuevas naves que dejan descentrado el mihrab y el extendido muro de la qibla ya no es doble, sino simple. En los arcos la alternancia de dovelas es solo cromática y no de materiales puesto que todas son de piedra caliza, aunque pintadas de almagra las rojas.

Desde la Baja Edad Media hasta la actualidad

Tras la conquista cristiana de Córdoba en 1236, San Fernando convirtió la mezquita en catedral, sufriendo diversas alteraciones que acabarán configurando la actual Catedral de Córdoba. Durante toda la Baja Edad Media prevaleció ya convertida en Catedral, adaptándose el culto y la liturgia cristiana a la espacialidad islámica con algunos acomodos.

En 1371 fue terminada la Capilla Real de la Mezquita-Catedral de Córdoba, donde estuvieron sepultados los reyes Fernando IV y Alfonso XI hasta que, en 1736, los restos mortales de ambos monarcas fueron trasladados a la iglesia de San Hipólito de Córdoba, donde reposan en la actualidad.

La Capilla Mayor fue situada bajo uno de los lucernarios de Alhakén II, en el ámbito rico de la Mezquita del siglo X, pero sin provocar destrucciones arquitectónicas; asimismo, la magnificencia del edificio determinó que el ámbito de mayor esplendor, la Macsura y el Mihrab, no fueran tocados ni destruidos, quedando indeleble su construcción. Sin embargo, con el paso de los siglos la Catedral precisaba mayores acomodos y una mayor dignificación en la Capilla Mayor, realizándose a finales del siglo XV (1489) una capilla cristiana donde estaba la antigua capilla del siglo XIII.

Esta nueva capilla catedralicia (dentro de la antigua mezquita) será promovida por el obispo D. Íñigo Manrique (1486-1496), quien promueve la construcción de una nave con formulación arquitectónica gótica y algunas modificaciones en los accesos, que también prosiguieron los prelados siguientes: Juan Rodríguez de Fonseca (1499-1505.) D. Juan Daza (1505-1510), D. Martín (1510-1516). Sin embargo, la mayor quiebra del edificio islámico se va a producir a lo largo del siglo XVI, pues en medio de la antigua mezquita se levantará una gran nave cristiana bajo los auspicios artísticos y arquitectónicos de los aires renacentistas; esto supuso una ruptura grave para los postulados espaciales islámicos. No en vano la propuesta fue polémica y estuvo sujeta a duros enfrentamientos entre diferentes próceres (a favor y en contra).

Finalmente intercedió el emperador Carlos V para que se realizara la obra, aunque más tarde se lamentara, como recogió J. B. Alderete, con la famosa frase habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes.

La obra se comenzó en 1523 por iniciativa del obispo D. Alonso Manrique (1518-1523, hijo del gran comendador de la Orden de Santiago), que supo atraer hacia Córdoba los principios planimétricos de las catedrales castellanas, pues había sido obispo de Badajoz y Salamanca. La nueva nave de la Catedral de Córdoba estuvo al cargo del arquitecto Hernán Ruiz, el Viejo, que aunque desarrolla sus primeras actuaciones bajo postulados góticos con ciertos arcaísmos, también es verdad que muestra ya claramente los postulados del Renacimiento.

Su hijo Hernán Ruiz el Joven, el gran arquitecto de la saga de los Ruiz, manifiesta ya claramente la formulación clasicista en la nueva nave, que hará evolucionar el estilo, y es el artífice de las más notables magnificencias de esta nave. También de muchas de las capillas y rejería. Después de cien años de obras la nueva nave de la Catedral serán concluida con principios estéticos manieristas, como puede verse en la cúpula del crucero del maestro Juan de Ochoa, o la formulación de la bóveda con lunetos del Coro que anuncia los prolegómenos del arte barroco, donde los criterios estéticos ya van claramente por otros derroteros a los del Renacimiento (yeserías, luces y sombras, escenografías, etc.).

Tras esta gran reforma del siglo XVI, la antigua mezquita solamente recibirá aditamentos menores y complementos de liturgia. A pesar de los avatares de la Historia, la antigua mezquita pervive en su esencia islámica, con la singularidad de los elementos básicos. No obstante, superado el empeño decimonónico por subrayar el elemento islámico, se trata de un híbrido arquitectónico que sintetiza una buena parte de los valores artísticos de Oriente y Occidente.

Desde esa perspectiva, la Mezquita-Catedral representa una síntesis de los vaivenes de la historia de España.

Tesoro de la Catedral

En la “Capilla de Sta. Teresa” y estancias adjuntas, se encuentra El Tesoro de la Catedral, lugar donde puede destacarse el “Sepulcro del Cardenal Salazar y Góngora”, auténtica figura del siglo XVIII cordobés, conocido por sus numerosas aportaciones a la ciudad, caso del hospital que lleva su nombre, hoy Facultad de Filosofía y Letras. La Custodia es uno de los principales tesoros guardados en la Catedral, fue labrada por Enrique de Arfe, mide 2,63 metros de altura y pesa más de 200 kilos, el día del Corpus, esta custodia toma relevancia al salir en procesión por la calles de Córdoba. Representa una catedral gótica de planta dodecagonal, se compone de dos cuerpos que alojan en un interior al viril y una imagen de la Virgen de la Asunción. Sufrió una restauración en el año 1735, donde Damián de Castro le añadió un basamento y elementos decorativos barrocos y en el año 1966 fue aureolado con brillantes el viril.

Hay una colección de portapaces, cálices y copones de oro y plata así como grandes cruces, de materiales preciosos una de ellas donada a la catedral por el obispo Diego de Mardones en el año 1620.