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Templo romano de Córdoba

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Templo Romano de CórdobaSituado en el cruce de las calles Claudio Marcelo con Capitulares, el Templo Romano de Córdoba fué descubierto en los años cincuenta del siglo XX, cuando se realizaban unas obras para ampliar las instalaciones del Ayuntamiento. Si bien no es el único templo que hubo en la ciudad, si es cierto que fuese el más importante de todos ellos, y el único encontrado a través de una excavación arqueológica. Samuel de los Santos, entonces director del Museo Arqueológico, y Félix Hernández fueron los directores de la excavación, en 1951. La interpretación de los restos que iban siendo descubiertos fue realizada por el arqueólogo Antonio García Bellido. Es un templo pseudoperíptero, hexástilo y de orden corintio de 32 metros de largo por 16 de ancho.

El Emperador Claudio (41-54 d.C.) ordenó su construcción durante su mandato, la cual tardó 40 años en concluir, bajo el reinado del emperador Domiciano (81-96 d.C.). Supuestamente estaba dedicada al culto imperial. En el siglo II, sufrió algunas reformas que parecen coincidir con el cambio de ubicación del foro colonial. En la zona ya habían sido encontrados elementos arquitectónicos, tales como tambores de columnas, capiteles, etc. todo ello de mármol, por lo que la zona era conocida como los marmolejos. Se cree que entre el siglo I y el siglo II, se construyó toda esta zona como foro provincial de la Colonia Patricia, nombre que recibía en época romana esta ciudad.

Situación actual

Formado por seis columnas en su fachada frontal y diez en cada lateral, el edificio se situaba sobre un podium que lo alzaba. Actualmente está restaurado y reconstruido, siendo sólo partes originales la cimentación, la escalera el altar y algunos fustes de columnas y capiteles. En los años 50 y 60 del siglo XX, tras el descubrimiento de los restos, comienzan las primeras obras de reconstrucción. Lo que actualmente puede contemplarse se debe a las reconstrucciones llevadas a cabo por el arqueólogo Antonio García Bellido y el arquitecto Félix Hernández, siendo éste último quien construyó tanto los pilares como los fustes. Lo más destacado del conjunto son los cimientos: los que sustentaban el edificio propiamente dicho y los contrafuertes delanteros, dispuestos en forma de abanico y apoyados en un muro (parte del cual es hoy visible en el Ayuntamiento), los cuales creaban un soporte para evitar que se desplazase por el peso del conjunto, construido completamente en mármol. Este tipo de sujección, llamada antérides, no era frecuente en el Imperio, lo cual supone un valor añadido al conjunto cordobés. Las antérides junto a los masivos cimientos del templo nos hablan de la magnitud que debió tener el templo, ampliamente visible desde la Vía Augusta, principal vía de entrada por el este, que corría paralela al circo.

No todos los restos originales permanecen en este emplazamiento, algunos capiteles y relieves fueron trasladados al Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba para su mejor conservación, así mismo varios fustes de sus columnas se exhiben en la plaza de las Doblas.

Descripción histórica

El período de construcción abarca desde la época del Emperador Claudio (41-54) hasta el reinado de Domiciano (81-96), y fué en este momento cuando se le dota de agua. las reformas que sufre en el siglo II parecen coincidir con el cambio de ubicación del foro provincial que se traslada al entorno del actual Convento de Santa Ana. El material empleado fue casi exclusivamente mármol, desde las columnas a los muros, pasando por la cubierta y el entablamento. La calidad del mármol y la de la talla del mismo nos hablan de que su construcción fue llevada a cabo por artesanos con altísima cualificación, situando el resultado al nivel de los más bellos edificios del imperio. El templo se situó en el límite de la Colonia Patricia, en la zona donde se ubicaba parte del lienzo oeste de la muralla. Las construcciones del interior, al igual que el lienzo de muralla, fueron destruídos para levantar el templo. El terreno fue allanado, creándose una terraza artificial donde se dispuso una plaza en medio de la cual se dispuso el templo. La plaza poseía sólo uno de sus lados abierto, el de la cara oeste para poder así tener conexión visual directa con el circo. Es posible que existiera una terraza intermedia conectando ambas zonas, plaza y Circo. Partiendo de toda esta estructura, investigadores han llegado a identificar el templo como parte del conjunto dedicado al culto imperial, esto es, a los emperadores romanos divinizados.